
Con las ventanas abiertas, una pareja toma el sol y se preprara un par de traguitos, para hacer hambre antes del almuerzo. Son dos semanas de vacaciones, y por fin el computador de Lucho dejó de funcionar con planillas de cálculo y mails inalámbricos: ahora sólo se usa para tocar música y, literalmente, dar la hora en el protector de pantalla. Para la Lucía, estos días sirvieron para enamorarse por fin de su marido, y Lucho ahora la encuentra más rica que nunca.
Es que está más rica que antes: de pronto la flaquita dejó de mimarlo en general, pasó de decirle ratoncito a llamarle Lucho y ya no lo toquetea como a a los hijos de una prima. "Como que ahora me mira y me ve, como se se sacó un celofán que tenía encima" que hacía un ruido sordo y llenaba de nada el espacio entre ellos. Como igual estaba enamorado de ella, la nueva sensación le dejó fascinado.
Lucía se dió cuenta que su marido era mucho más carnal que lo que ella conocía. Nunca había querido compararlo con novios y otros rollos anteriores: él era para casarse y no quería tener los celos y los malos ratos de las relaciones que había conocido. Por eso, y porque él estaba entero enamorado de ella, era fácil mantener una distancia saludable. No había problema, eran fieles ambos y había mucho tiempo por delante como para que los miedos cayeran poco a poco.
Pero las cosas habían cambiado, estaban tan entusiasmados la otra noche que Lucía dejó toda etiqueta y se puso a jugar con su marido como si fuera un rollo nocturno, algo que los dos conocían muy bien pero que no querían repetir de nuevo.
Porque ahora la cosa era en serio, no se podía jugar con el matrimonio.
Pero cuando se fueron a la cama fue como si no se conocieran. Ella lo trató como si no le importara y el se le vino encima hasta que quedó debajo. Y sucedió lo mejor: mañana siguiente, aun restos de vino en el suelo de la pieza, y Lucía amaneció abrazada como nunca al tipo con que se había acostado. Lucho despertó pensando en qué era lo raro: primera vez que quería que lo abrazaran tal y como lo estaban abrazando en ese momento.
Como corresponde, ninguno de los dos comentó la jugada. Pero sin querer siguieron jugando: ninguno de los dos sabía muy bien que era lo nuevo, pero como además lo cotidiano se les daba bien, le agregaron a la buena y santa rutina unas miradas de... "¿Y tú? ¿Qué te hiciste?"
Es que está más rica que antes: de pronto la flaquita dejó de mimarlo en general, pasó de decirle ratoncito a llamarle Lucho y ya no lo toquetea como a a los hijos de una prima. "Como que ahora me mira y me ve, como se se sacó un celofán que tenía encima" que hacía un ruido sordo y llenaba de nada el espacio entre ellos. Como igual estaba enamorado de ella, la nueva sensación le dejó fascinado.
Lucía se dió cuenta que su marido era mucho más carnal que lo que ella conocía. Nunca había querido compararlo con novios y otros rollos anteriores: él era para casarse y no quería tener los celos y los malos ratos de las relaciones que había conocido. Por eso, y porque él estaba entero enamorado de ella, era fácil mantener una distancia saludable. No había problema, eran fieles ambos y había mucho tiempo por delante como para que los miedos cayeran poco a poco.
Pero las cosas habían cambiado, estaban tan entusiasmados la otra noche que Lucía dejó toda etiqueta y se puso a jugar con su marido como si fuera un rollo nocturno, algo que los dos conocían muy bien pero que no querían repetir de nuevo.
Porque ahora la cosa era en serio, no se podía jugar con el matrimonio.
Pero cuando se fueron a la cama fue como si no se conocieran. Ella lo trató como si no le importara y el se le vino encima hasta que quedó debajo. Y sucedió lo mejor: mañana siguiente, aun restos de vino en el suelo de la pieza, y Lucía amaneció abrazada como nunca al tipo con que se había acostado. Lucho despertó pensando en qué era lo raro: primera vez que quería que lo abrazaran tal y como lo estaban abrazando en ese momento.
Como corresponde, ninguno de los dos comentó la jugada. Pero sin querer siguieron jugando: ninguno de los dos sabía muy bien que era lo nuevo, pero como además lo cotidiano se les daba bien, le agregaron a la buena y santa rutina unas miradas de... "¿Y tú? ¿Qué te hiciste?"
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